2.08.2009

Casas Acariciadoras, Óscar Hagerman



En su conferencia titulada "Casas Acariciadoras", impartida en la Universidad Iberoamericana Puebla el pasado 05 de Febrero de 2009, término que según relata Hagerman "que es una frase de los mismos campesinos, porque un pescador de Punta Mita, en bahía de Banderas, Nayarit, nos dijo que su casa era acariciadora porque cuando llegaba el viento pasaba a través de ella, lo acariciaba y se sentía muy bien."

La mejor presentación para el arquitecto, es su obra, por lo que disfruten y escuchen sus palabras en estos videos de su conferencia impartida y comparto uno de los tantos textos que sobre él se han escrito, éste por Elena Poniatowska, el cuál nos lo define y nos lo presenta.

Exposición Temporal de planos, maquetas y fotos en la Biblioteca de nuestra universidad.

El arquitecto Óscar Hagerman

Óscar Hagerman es a la arquitectura lo que John Berger a la literatura: esencial. Desde que se recibió como arquitecto de la Facultad de Arquitectura de su queridísima UNAM, se unió a los que están cerca de la tierra y viven de ella, es decir, a los más pobres. Nacido en La Coruña, España, en 1936, Óscar Hagerman vino a México cuando tenía 15 años, después de Cuba. Olvidó su parte escandinava, pero eso no quita que haya viajado varias veces a Suecia, la patria de su apellido: Hagerman. En México, la silla cambió su vida porque lo acercó a los que nada tienen. Descubrió entonces que lo que quería era compartir su vida. Su esposa, maestra y siquiatra, Doris Ruiz Galindo, y sus cinco hijos, Carlos, Gonzalo, Jerónimo, Lorenzo y Doris, le dieron a su vida otra finalidad, la del servicio, la entrega a los demás. Quisieron hermanarse con todos los hombres, sobre todo con los indígenas. Al Taller de Diseño para el Hombre pertenecieron todos, no porque trabajaran en él, sino porque compartieron su espíritu. Los cinco tienen conciencia social y saben lo que es dar.

A sus hijos, a sus ocho nietos, Óscar les da abrazos de oso, pero a nadie quiere tanto como a “los huicholitos” como él los llama. Son su familia, la tierra de su tierra, la madera de su árbol de la vida, el agua salada de sus lágrimas, la blancura de su risa. Lo acompañé un lunes en la mañana a la escuela de diseño de la UNAM y los alumnos lo buscaban también para abrazarlo. En esa facultad reina la armonía y se difunde el trabajo de Clara Porset, expuesto como un tesoro en uno de los salones. Los arquitectos consideran su legado como una gran fortuna, pero también admiran y quieren el legado de Óscar quien se ha alejado de la arquitectura monumental, de las torres que perforan el cielo, de proyectos aterradores, de malls y conjuntos marcianos. Óscar quiere que las casas canten.

–Edward James escribió: “Mi casa tiene alas y a veces en medio de la noche canta”, es muy bonita esta frase… Me gustaría que mi arquitectura tuviera alas para volar en el cielo de la realidad.

Un canto a la vida

“Yo creo que él era más poeta que arquitecto. Creo que es bueno estar en la realidad y al mismo tiempo en una fantasía, crear un mundo de imaginación y de poesía. De ahí que la casa cante. Por eso decía, siguiendo la frase de Edward James, que la arquitectura debe ser un canto a la vida, el canto de los que la habitan, porque lo más hermoso es que el proyecto salga de la gente. Conozco un ejemplo, en el archipiélago de Suecia, de una casa para dos señores mayores, quienes le pidieron al arquitecto que les hiciera una casa para retirarse y él con cariño y cuidado consideró todo lo que podía hacerles falta y le buscó un lugar a cada cosa. Ver cómo están integrados a su casa todos sus objetos es impresionante porque también en el jardín creó un lugar para tomar el café a mediodía, otro para ver el atardecer. Yo creo que eso es lo más hermoso de la arquitectura.

“En diseño industrial nos enseñan a buscar formas originales, pero la riqueza más grande es hacer un mundo que le pertenezca a la gente y lo sientan suyo porque eso es lo que da felicidad. Si tu casa no tiene que ver contigo no es nada”.

“En la escuela debería de haber una materia que nos enseñara cómo relacionarnos, cómo comprender lo que la gente necesita, y para eso hay que aprender a escuchar”.

Elena Poniatowska

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